Entre
2006 y 2014, el PIB promedió un crecimiento del 4,3% impulsado por los altos
precios del petróleo y por importantes flujos de financiamiento externo. Este
avance permitió un mayor gasto social e inversiones destacadas, en particular
en los sectores de energía y transporte, y además en educación. Según datos
nacionales, la pobreza disminuyó del 37,6% al 22,5% en ese periodo. El
coeficiente de desigualdad de Gini se redujo de 0.54 a 0.47, puesto que el
crecimiento benefició en mayor medida a los más pobres.